La vida a bordo de un crucero

Si pensamos en unas vacaciones a bordo de un crucero, imágenes maravillosas nos vienen a la mente. Conocer diferentes destinos, relax en la piscina, gastronomía exquisita con opciones para todos los gustos… vamos, disfrutar de una ciudad flotante, en la que decidir el cóctel que te vas a beber o el puerto en el que te vas a bajar, serán tus máximas preocupaciones a bordo. Pero… ¿Quién está detrás para que todo funcione? Hoy vamos a conocer la vida de un crucero desde dentro. De los que viven durante meses y a quienes le toca la parte más sacrificada para que los clientes disfruten de la experiencia.

Andrés Ojedis vivió durante 9 meses trabajando como cocinero en un crucero que recorría el Mediterráneo, el Epic de la compañía Norwegian.

Empieza contándonos que todo el proceso de aplicar a este tipo de trabajos es online y solo tuvo una entrevista de forma física. Eso sí, es un camino largo. Las gestiones duran alrededor de 5 meses hasta que finalmente firmas el contrato. La empresa se encarga de gestionarte todos los permisos para volar y los billetes de avión que te dejarán en el destino de donde sale el crucero otorgado.

El primer día lo recuerdo muy complicado. Desorientado y con mucho papeleo por delante, y con la única ayuda de un mapa que se vuelve complicado entenderlo. Una mini ciudad en la que todo es nuevo y donde todo el mundo es desconocido.

Su cabina, compartida con un compañero, la describe muy pequeña, pero es cierto que pasaba muy poco tiempo en ella. Lo justo para dormir.

Las jornadas laborales son muy exigentes, 10 horas diarias y sin días libres. Al menos así es en el sector gastronómico. El sueldo ronda los 1300 dólares americanos y te brindan alojamiento y comida por lo que el ahorro es íntegro.


Pero sin duda merece la pena la experiencia por las vivencias que te brinda. La inmersión cultural es gigante al conocer a personas de diferentes nacionalidades que crean un ambiente laboral de lo más curioso.
Destaca lo involucrados que eran los asiáticos en el trabajo, especialmente los filipinos.
La parte positiva es que conoces diferentes lugares mientras trabajas. Cuando el barco llega a un puerto, la mayoría de los pasajeros se bajan a conocer la ciudad por lo que los tripulantes tienen algunas horas de menos trabajo y aprovechan para descansar o incluso visitar también el destino y respirar aire fresco.

Aunque si le preguntas si repetiría la experiencia, su respuesta es no, se siente orgulloso de todo lo que ha aprendido. Y destaca que cada uno vive la experiencia de manera distinta. Mientras que, para él, resultó algo duro, ha conocido a personas muy felices que llevan 25 años trabajando a bordo.
Anima a todo aquel o aquella que sueñe en trabajar en un barco, que lo haga. Más que por lo económico, por la vivencia, que recordará para siempre.

María Mera
María Mera

Mente viajera

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